El retrato que salió de casa

Hay cosas en una casa que, después de vivir con nosotros durante tantos años, dejan de ser simplemente cosas. Se convierten en parte de quienes somos. Nos ven crecer, acompañan nuestras celebraciones y nuestros momentos difíciles, y silenciosamente se van entretejiendo en los recuerdos que llevamos con nosotros. A veces, incluso llegan a formar parte de la historia de una familia sin que nos demos cuenta de ello.

Para nuestra familia, ese objeto es el retrato de mi madre, que durante décadas ha ocupado un lugar especial en una de las paredes de nuestra casa, hoy Eco Hotel Mariscal. Es una obra del reconocido pintor chileno Luis Vergara Ahumada.

Hace unos días, por primera vez desde que se pintó, fue retirado de la pared donde había permanecido durante tantos años y llevado a la Embajada de Chile en El Salvador, para ser exhibido durante una Recepción Oficial ofrecida por el Encargado de Negocios a. i., Sr. Alejandro Soto Rodríguez, con motivo de la conmemoración del 216.º Aniversario de la Independencia de Chile y los 150 años de relaciones comerciales entre Chile y El Salvador.

La ocasión tuvo un significado especial para nosotros porque la recepción incluyó un conversatorio especial sobre la vida y obra de Luis Vergara Ahumada, en el que el Dr. Gregorio Bello Suazo y el maestro Augusto Crespín compartieron sus conocimientos sobre la trayectoria y el legado del artista.

Mientras los escuchaba, me descubrí mirando el retrato de una manera diferente. Durante la mayor parte de mi vida, lo había visto simplemente como el retrato de mi mamá, el que siempre estaba allí… en la sala de mi casa. Pero aquella noche, rodeada de personas que hablaban sobre el artista que lo había pintado, lo vi como parte de una historia mucho más grande, una historia que conectaba a mi familia con un pintor chileno, con un momento particular de la historia de El Salvador y con la relación que, a lo largo de los años, ha unido a Chile con El Salvador.


¿Por qué tenemos un retrato de mi mamá pintado por un reconocido artista?

Para responder esa pregunta, tenemos que regresar varias décadas en el tiempo. Luis Vergara Ahumada llegó a El Salvador durante el gobierno del teniente coronel José María Lemus, presidente de El Salvador entre 1956 y 1960, y el pintor realizó importantes obras relacionadas con la historia nacional. El presidente Lemus tenía un particular interés por el pasado del país y por preservar su memoria a través del arte. Las pinturas realizadas durante aquel período dieron rostro e imagen a momentos que, de otro modo, quizá habrían permanecido confinados a libros, documentos y relatos históricos. Hoy, estas obras forman parte del patrimonio artístico e histórico que nos permite volver la mirada hacia el pasado e imaginar cómo era El Salvador en aquella época.

Pero Vergara Ahumada no pintó únicamente la historia en su sentido más amplio. También retrató a personas de la sociedad salvadoreña de aquel entonces… incluso al mismo presidente Lemus y su esposa doña Coralia de Lemus. Precisamente es allí donde comienza a entrelazarse la historia de mi familia con la del artista.

“Cuando Luis Vergara Ahumada llegó a El Salvador, se hospedó en La Casa York, una casa de huéspedes propiedad de mi abuelita, Leonor Meléndez. En aquel momento, nadie podía imaginar que aquel encuentro dejaría una huella tan profunda y duradera en nuestra familia.”

Nuestra familia siempre mantuvo una estrecha amistad con la familia del presidente, y fue así como el artista tuvo la oportunidad de relacionarse con ellos y con nuestro círculo familiar y de amistades durante su permanencia en El Salvador.

Cuando llegó el momento de abandonar el país, Luis Vergara Ahumada quiso hacerle un regalo especial a mi abuelita, como muestra de agradecimiento por la hospitalidad y el cariño que había recibido durante su estancia. Fue entonces cuando ella le hizo una petición muy especial. Le pidió que pintara un retrato de su hija, Leonor, mi mamá. Y así… el retrato llegó a nuestras vidas.

No fue encargado como una pieza para un museo ni como parte de una colección pública. Y quizás esa sea parte de la razón por la que tiene un significado tan especial para nosotros. La pintura llegó a nuestra familia porque se había creado un vínculo entre un artista y la familia que lo había acogido. Desde aquel día, el retrato permaneció con nosotros.


De casa a Eco Hotel Mariscal

Hay otra parte de esta historia que hace que el retrato tenga para mí un significado todavía más especial. La casa donde vivió la pintura fue, alguna vez, simplemente mi casa. Allí crecí, allí transcurrió la vida familiar, allí se crearon recuerdos y allí el retrato de mi mamá observó silenciosamente cómo pasaban los acontecimientos a través de los años.

Con el tiempo, aquella casa se convirtió en Eco Hotel Mariscal. Pero, de muchas maneras, nunca dejó de ser un hogar y el retrato permaneció donde siempre había estado. Hoy, cuando nuestros huéspedes atraviesan las puertas de Eco Hotel Mariscal, entran a un lugar que lleva consigo una historia familiar. Y procuramos que sientan que no simplemente se están hospedando en un hotel, sino que están siendo recibidos en mi casa.

Por eso, esta pintura siempre ha significado para nosotros mucho más que su valor artístico. Pertenece a la historia de la casa. Y la casa pertenece a la historia de nuestra familia.

“Usted es la joya”

Hay un detalle del retrato que descubrí durante aquella noche en la Embajada de Chile. En los retratos de las damas realizados por Luis Vergara Ahumada, todas aparecen sentadas. Mi mamá, sin embargo, está de pie. Y ella solía contarme algo más acerca del día en que posó para él.

El artista le pidió que no utilizara joyas ni encajes. Quería que llevara un sencillo vestido negro. Cuando ella le preguntó por qué, su respuesta fue hermosa: “Usted es la joya.” Así que mi mamá llevó el vestido negro y sostuvo únicamente una estola en una de sus manos. No hacía falta nada más…

El resultado fue un retrato de una sencillez extraordinaria. No hay adornos elaborados que compitan por llamar la atención. La pintura dirige la mirada hacia la mujer misma en él.

Pasamos frente a él, innumerables veces. Lo vimos con la luz de la mañana, por la tarde, durante reuniones familiares y en los días más cotidianos. Nos acostumbramos tanto a su presencia que casi parecía que siempre había estado allí y que siempre estaría.


Esa noche en la Embajada de Chile, recuerdo haber pensado que aquel cuadro reunía varias historias a la vez: el retrato de una amorosa madre, de una bella esposa, el recuerdo de infancia de una hija, la obra de un artista chileno y, de alguna manera, una pequeña pieza de la historia cultural de El Salvador y un pedacito de nuestra memoria familiar.

En fin, vi mucho más que una pintura… algo más que a la mujer que conocí toda mi vida. Vi a la joven Leonor que alguna vez estuvo de pie frente a un pintor chileno, vestida con un sencillo vestido negro. Vi a mi abuelita orgullosa de su hija, quien eligió aquel retrato como regalo y recordé La Casa York. Vi al artista que cruzó fronteras y dejó parte de su mirada en nuestro país. Y vi una pequeña pero hermosa conexión entre Chile y El Salvador, preservada sobre un lienzo y llevada silenciosamente de generación en generación.

Al día siguiente, el retrato regresó a casa con nosotros. Y cuando volvimos a colocarlo en la pared, pareció pertenecer allí más que nunca. No simplemente porque es el retrato de mi mamá. Sino porque, después de todos estos años, comprendemos que también es el retrato de una época, de una familia, de un hogar y de una historia que, de alguna manera, terminó formando parte de la historia de nuestro país.

Creamos experiencias auténticas en El Salvador. Si lo tuyo es la aventura, la cultura, la historia o simplemente relajarte, nuestros guías, y el amor que sentimos por nuestro país, harán que tu viaje sea una experiencia inolvidable.